Rosario fue la otra gran fragua. De la universidad pública salió con el título de traductor literario técnico-científico bajo el brazo, pero fue la calle, la noche y el rock and roll rosarino lo que terminó de templar su carácter. Esa mezcla de rigor técnico y vivencia real se materializó durante dos décadas al frente de Cool Raúl Rock ’n Hostel: 20 años haciendo un 24/7 de hospitalidad pura, sirviendo de puente cultural e intérprete todoterreno para extranjeros y locales, llevándolos desde las playas, megaboliches, choripanes de barrios picantes, kartings, estadios de fútbol hasta los antros y reductos más clandestinos y divertidos de la ciudad, esos que no figuraban en la biblia mochilera “Lonely Planet” Una escuela de vida que construyó una red de pertenencia global y una visión única sobre el turismo alternativo, una filosofía de vida cuestionando hasta donde llegan las libertades y los privilegios de moverse y moverse sintiendo que le ganás a las preocupaciones clásicas inculcadas.
A su regreso y en paralelo, esa necesidad de construir espacios comunitarios se volcó hacia la gestión, con la cofundación —junto a colegas hosteleros y ex mochileros— de la Cámara de Hostels rosarina y, posteriormente, de la Asociación Federal, siendo elegido presidente de ambas por el voto de sus colegas.
Mientras acumulaba la chapa formal de traductor matriculado y prestaba su voz para cumbres bilaterales y reuniones de alta plana con gobiernos y embajadas, su verdadera escuela pasaba por las trincheras.